LOS ENTERRADOS VIVOS”
PATIVILCA
Ciudad histórica
Enclavadas a orillas del río que lleva el mismo nombre y que desciende majestuoso, avasallador, amplísimo, desde la lejana cordillera blanca, cruzando innumerables obstáculos a cual mas instalable, erupcionando rocas, señalando -¡Quien sabe!- el rumbo a miles de ancashinos que vienen hacia la costa, hasta el océano pacifico.
Ciudad histórica, sí, historias de América, historia de libertad, de lucha, de inquebrantable voluntad. allí en Pativilca, de labios del gran libertador, del hijo predilecto de la América mestiza, del gran José Antonio de la Santísima Trinidad Simón Bolívar Palacios Isojo,se escuchó la vibrante respuesta al desafío:”Triunfar”, allí en Pativilca también se escucha de labio en labio, de temor en temor, de miedo en miedo, la historia de los enterrados vivos…
Allá por la décadas del 60, para salvar el obstáculo del majestuoso río y poder unir a través de la carretera panamericana todas las ciudades de la costa norte con Lima, se empezó a construir un moderno puente al lado del puente antiguo cuya construcción databa de los años 40 y cuya estructura de hierro descansaban sobre bases, conformadas cada una por dos columnas y que se ubican a lo largo de la distancia entre cada orilla. Este antiguo puente era de un solo sentido, variable según la cantidad de vehículos que lo cruzaban, había sufrido daños en sus estructuras a raíz de la fuerza de las aguas y también de un terremoto que azotó a toda la región.
Pues bien, los trabajos del nuevo puente avanzaron rápidamente y se inauguró allá por el año de 1969, con lo que el antiguo quedó en desuso y se dispusieron a desarmarlo para aprovechar el fierro de la estructura, pero entonces empezaron a ocurrir hechos que pusieron los pelos de punta a los que por allí rondaban.
En primer lugar, empezaron las desgracias personales, y en menos de una semana por accidentes de trabajo habían muerto cuatro personas, seguidamente, los pobladores de Arguay, una hacienda ubicada cerca al puente, no podían dormir tranquilos por las apariciones fantasmales que se sucedían cada noche: figuras brillantes se paseaban llorosas unas veces y agresivas otras, gritando, llorando, quejándose, llamándose unos a otros con quejidos lastimeros. Y lo que vino a colmar la situación fue la racha de accidentes automovilísticos que se producían en el puente nuevo, sin razón aparente, por lo que hubo que tomar drásticas medidas de racionalización del tráfico.
Desesperados, los vecinos de Arguay pidieron ayuda al Obispado de Huacho y este envió a un cura. Una noche en compañía de su fiel sacristán que temblaba como perro chino, se dedicó a exorcizar al pueblo de Arguay, y viéndolo, las figuras fantasmales, entre quejidos sollozos, se retiraron, siguiéndolos el cura y el sacristán lo vieron llegar hasta el puente viejo y allí desaparecieron.
A la mañana siguiente, se dio la orden terminante de suspender los trabajos de demolición y el desarme del puente viejo. El cura, acompañado de 20 trabajadores los cuales iban previstos de combas y cinceles, picaron el concreto armando de la base y, por fin, hallaron la explicación a todo lo ocurrido. Allí, en cada una de las columnas que conformaban una base, había una especie de nicho vertical, en el cual, en posición de pie se encontraba…!un esqueleto humano…!...y en cada una de las columnas encontraron un cadáver igual.
Hechas las averiguaciones y reconstrucciones del caso se llegó a la conclusión de que durante la construcción de ese puente – se había enterrado vivo – sí, vivo…- a cada uno de los ocho hombres, uno en cada columna. ¿Y por qué?.pues por la absurda creencia de darle mayor consistencia a las bases, que serían cuidadas entonces por almas humanas y para eso era menester ---¡horror!---enterrarlos vivos.
Y en esas almas, sin nadie si quiera les llevara flores, arrancados de su familia, lejos de su tierra (porque eso sí, eran escogidos entre los que de más lejos vivieron a las obras ), se quedaban morando allí en el puente y, cosa natural, cuidaban de su “hogar” evitando que las aguas del río los destruyeran, y como habían muerto trabajando, el ser guardián eternos del puente era su trabajo, por lo que se habían sentido muy humillados y desesperados cuando empezaron a destruir su fatal “centro de trabajo” y ver el peligro su morada permanente, y por ello los hechos que sucedieron.
Se resolvió sellar cada columna, cada cadáver fue metido en un ataúd y sepultados en el cementerio de la vecina Barranca. Se suspendieron, para siempre, la operación de desarmar el viejo puente metálico, a pesar del valor de la estructura de fierro . se oficiaron misas diarias, durante un mes completo, mandadas realizar quienes sospechaban que su hermano, hijo, padre, amigo, novio, marido o conocido era quizás, uno de los de allí descansaban para siempre.
Y surgió entonces la pregunta temida ¿Acaso no había un cadáver en cada una de las 16 columnas que componen las bases del nuevo, modernísimo y amplísimo puente Bolívar que se halla al lado del viejo puente de fierro?...¿Y por qué no?....!Y empezaron las mil y una conjeturas …!Y sin embargo, me consta que hasta hoy nadie se a atrevido a constatar la verdad o falsedad de tal temor.
Y desde entonces viajero, cuando a través del vehículo que te lleve al norte o que te traiga a Lima, cruces el larguísimo y moderno puente que está emplazado sobre el majestuoso río Pativilca, no te olvides de echar una mirada y elevar una plegaria por el descanso del alma de esos guardianes, contra su voluntad, en ese viejo puente de fierro que se ubica al lado y que aún se conserva tal y como fue dejado allá por el 69, y piensa que, de repente, puede haber un humano, un amigo, un conocido o simplemente peruano, en cada una de las bases de los miles de puentes que permiten cruzar los ríos del Perú…
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ResponderEliminaresta excelente